0

CIRCULO VISIOSO: LEY DE MORDEDURA DE PERRO Y RESPONSABILIDAD ESTRICTA

Aunque varias teorías pueden alegar en demandas relacionadas a mordeduras de perro, la responsabilidad estricta es una teoría dicha más frecuentemente. En dicho caso, el asunto puede ser determinado si una parte en contra de una demanda ha “mantenido con conocimiento o mantenido un perro bravo”. Arrington Funeral Home v. Taylor, 474 S. W.2d 299, 300 (Tex. Civ. App.- Eastland 1971, writ ref’d n.r.e.). Por que dicha “bravura” es generalmente vista para establecer a través de evidencia de mordeduras previas, éste principio de responsabilidad es referido muy seguido como “La Regla de Una Mordedura”. Pero, debe ser notado que a pesar de este apodo, no es solamente la bravura sola la cual apoyará la responsabilidad, pero también la peligrosidad en general. Ver Reformulación (Tercero) de Agravios, § 23 cmt. C (2010) (“Por responsabilidad estricta, no se requiere que el animal sea ‘bravo’ o agresivo; solo que la ‘peligrosidad’ del animal sea anormal es suficiente.”).

La razón de la imposición de dicha responsabilidad estricta es explicada en la Tercer Reformulación de Agravios, el cual dice:

Dado el conocimiento del demandado, la razón de la conducta del demandado en retener el animal es por lo menos cuestionable, y la responsabilidad estricta le da al dueño un incentivo a considerar ya sea que el animal deba ser retenido. Aunque si esa retención es apropiada, la anormalidad del animal peligroso es por definición inusual; tener dicho animal es una actividad peligrosa y que pone en riesgo significativo a otros dentro de la comunidad. En estas circunstancias, la responsabilidad estricta es impuesta justamente.

Reformulación (Tercero) de Agravios, § 23 cmt. B (2010). Aunque “el dueño de un animal doméstico no es responsable por las lesiones causadas por él en un lugar donde tiene derecho a ser, a menos que el animal es conocido por su propensión a ser bravo o el dueño debe de conocer la bravura o la naturaleza sin gobierno del animal”. Searcy v. Brown, 607 S. W. 2d 937, 941 (Tex. App.- Houston [1er Distr.] 1980, no writ.). Ya sea que el perro tiene una naturaleza de bravura y ya sea que el dueño no sabe de esta naturaleza es cuestión del jurado determinar. Ver Pate v. Yeager, 552 S. W.2d 513, 516 (Tex. Civ. App.- Corpus Christi 1977, writ ref’d n. r.e.). Una vez que el dueño sabe de la propensión de su perro a ser bravo necesita no ser negligente para ser responsables de las lesiones causadas cuando su perro muerde a un tercero. Ver Bly v. Swafford, 199 S. W.2d 1015, 1016 (Tex.Civ.App.- Dallas 1947, no writ) (un “dueño, ya sea negligente o no, conociendo si su perro es bravo, es responsable por sus lesiones a una persona mordida por él”).